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Se produce una nueva fuga de divisas

Según estimaciones privadas (pues aún no se conocen los datos oficiales), en el primer bimestre la cifra rondó los US$ 1500 millones, cifra equivalente (o algo mayor) al superávit comercial que logró la Argentina en el período. La convulsión política que produjo la decisión del Gobierno de avanzar en el pago de la deuda con reservas mediante un decreto hizo que la medida, que había sido presentada como un instrumento para “crear confianza”, produjera el efecto inverso: generó las condiciones para que, tímidamente en enero y con más fuerza en febrero, hubiera vuelto a producirse fuga de divisas del sistema.

El economista del Estudio Joaquín Ledesma, Gabriel Caamaño Gómez, apuntó que “nuestra estimación de febrero ronda los US$ 1300 millones de fuga de capitales privados, de los cuales casi $ 300 millones fueron vendidos por el Banco Central al mercado para impedir que el precio del dólar, que subió 5 centavos en el mes, se escape más. El resto provino del superávit comercial y del stock que mantienen los oferentes del mercado como, por ejemplo, las casa de cambio”.

“Veníamos de un comienzo de año tranquilo. Pero en los últimos días de enero se comenzó a notar el impacto de la crisis que tuvo al BCRA como epicentro”, apunta su colega Ramiro Castiñeira, de Econométrica, que maneja el mismo número para febrero y lo tiene presente porque marcó un brusco cambio de tendencia, tras una pausa de cuatro meses.

Para el equipo de investigación del Banco Ciudad, no hay duda de que la incertidumbre generada por el tironeo institucional en torno de las reservas explica por qué el flujo neto de capitales del sector privado pasó de territorio positivo, en el último trimestre de 2009, a mostrar números rojos en lo que va de 2010. “El uso de reservas cambió la lógica de los mercados: subió el respaldo que tenían los bonos y bajó el que tenían los depósitos bancarios. Allí hay una de las claves para entender por qué la fuga de capitales habría alcanzado los 1200 millones en febrero”, explicó en su último informe.

Si bien la economía argentina convivió con la fuga de capitales en los últimos 30 años (las cifras oficiales reconocen que hay US$ 140.000 millones de argentinos en el exterior, algo así como la mitad del PBI), tras algunos años de relativa quietud el fenómeno volvió a ganar dinamismo en los últimos tres años.

No casualmente coincidió con las primeras señales de estallido del mercado hipotecario en EE.UU. y la intervención de hecho del Instituto Nacional del Estadística y Censos (que derivaría en cuestionadas mediciones). Pero ganaría dimensión cuando aquí estalló el conflicto con el campo, en Estados Unidos quebró Lehman Brothers y el gobierno de Cristina Kirchner decidió eliminar las AFJP.

La suma de estos episodios hizo que dejaran el país US$ 43.000 millones entre 2008 y 2009, según datos del Banco Central (BCRA), que el economista Miguel Bein corrige a US$ 37.000 millones, “porque unos 6000 millones quedaron en el sistema financiero local, mediante un traspaso de los depósitos en pesos a depósitos en dólares, que sin aplicaciones por parte de los bancos fueron encajados directamente en el BCRA”.

Semejante sangría de recursos tuvo un alto costo para la economía. Una de ellas, el clima de incertidumbre y conflictividad que imperó en los últimos años impactó de lleno sobre variables financieras y generó las condiciones para que el crédito, uno de los combustibles del que se nutre la actividad, “se hubiera expandido en términos reales (es decir, descontando inflación) apenas un 2,3% desde 2007 a la fecha, mientras cayó 20% el stock de depósitos privados”, destacó la consultora Delphos Invesment.

Fuente: La Nación

Después de Redrado todo seguirá igual

La nueva conducción del Banco Central (BCRA) no prevé realizar cambios en la política monetaria durante el transcurso del año, aunque buscará que los bancos sean mucho más agresivos en la oferta de crédito para la producción. Así, se prevé dar impulso a la aletargada tasa de inversión de la economía local, en sectores que se consideren “claves” para atenuar la presión inflacionaria, por considerar que la incidencia del denominado “multiplicador bancario” es muy baja o nula por la baja bancarización del país.

La conclusión surge de la precisa instrucción que la flamante presidenta de la entidad, Mercedes Marcó del Pont, dio en los últimos días a lo que se conoce como la “línea” del BCRA -los funcionarios de carrera-, tras haber acordado con el resto de los miembros del directorio una serie de decisiones que apuntan a imponerse en “la batalla de las expectativas”. El objetivo es convencer al público y a los operadores económicos de que el desplazamiento de Martín Redrado no supone un giro en los criterios básicos de manejo de la política cambiaria y monetaria local.

“Vamos a respetar el programa monetario que el Central ya acordó con el Congreso”, definió Marcó del Pont a poco de asumir su mandado “en comisión” (espera la aprobación parlamentaria a su designación) y en un intento por cortar de cuajo con las especulaciones de mercado sobre un posible desborde monetario.

Control del circulante

Para saber si cumple con ese compromiso habrá que esperar hasta fin de marzo, fecha en que debería haber en circulación -y como máximo- un total de 202.900 millones de pesos (entre circulante y depósitos tanto públicos como privados en cuentas a la vista, o M2, en la jerga de los economistas), según consta en las metas trimestrales del plan monetario que su antecesor envió al Senado en diciembre pasado, previendo una expansión de hasta 21,2% en la oferta de pesos hasta entonces (la tasa de expansión para el año está estimada entre un 11,9 y 18,9%).

La oferta de medios de pagos se mantiene por encima de los 203.000 millones de pesos desde comienzos de año (estaba en 203.717 millones al 5 de febrero, según el último dato oficial disponible). Así, ya está por encima del máximo promedio estipulado para el primer trimestre, aunque los economistas reconocen que el desborde en la oferta de pesos “es común en esta época del año por razones estacionales”.

Baja oferta

La oferta de divisas de exportación (básicamente la proveniente de los embarques de granos) es baja hasta avanzado ese mes, con lo que, de no mediar un cambio en las condiciones financieras (que ayuden a descomprimir la demanda privada), no cabe esperar que inyecte pesos en la economía por fuertes compras de dólares o, de verse necesitado de hacerlo, podría esterilizarlos sin problemas ofreciendo los títulos de deuda diseñados para regular la oferta monetaria (letras y notas) a los bancos.

Pero de allí en más la tarea prodría complicársele. “En el período 2005 a 2008 el sector público esterilizó el 30 por ciento de la intervención cambiaria al contraer la base monetaria por pagos al exterior, al comprarle reservas del BCRA con pesos provenientes del superávit fiscal. Pero en 2009 este número fue cero y en 2010 podría ser expansivo e igualar la propia ampliación monetaria por intervención en el mercado cambiario”, advirtió un reciente informe del Departamento de Estudios Económicos del Banco Ciudad al analizar los efectos que tendría la creación del Fondo del Bicentenario (para pagar deuda) y tras observar que la desaparición del superávit hará que la política fiscal deje de contribuir a moderar la expansión monetaria.

Fuente: La Nación

Pago de la deuda en el 2010

El Gobierno garantizó el pago de la deuda del 2010, en donde usará parte de las divisas de libre disponibilidad para anticipar vencimientos. Busca bajar las tasas en un contexto de crisis mundial.

El ministro de Economía, Amado Boudou, anunció en un acto que encabezó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que se utilizará parte de las reservas del Banco Central, las cuales serán 6569 millones de dólares –equivalente al 37 % de las divisas de libre disponibilidad–, sobre un total de vencimientos de 13.000 millones. Se creará el Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad y será utilizado para abonar los vencimientos a “tenedores de títulos privados y organismos internacionales de crédito”, según lo anunció el titular del Palacio de Hacienda. Más allá de lo rimbombante del nombre, el Ejecutivo espera generar un “golpe de confianza” y una caída del riesgo país y de las tasas de interés para el sector privado. Eso debería favorecer la recuperación económica y abaratar la vuelta del Estado al mercado internacional de crédito. La expectativa es conseguir financiamiento a una tasa del 8 % anual en dólares. La estrategia de pago de deuda con reservas comenzará con licitaciones anticipadas de los próximos vencimientos, empezando por el Boden 2012. El Gobierno podrá al descomprimir el horizonte financiero, además refinanciar la deuda de las provincias con la Nación. Eso daría un alivio significativo a su complicada situación fiscal.

El Gobierno dio una señal a los mercados en medio de la crisis internacional: “El país no tiene riesgo de default”. Si bien en la práctica la creación de un fondo no difiere mucho de usar las reservas del Central frente a cada vencimiento, se trata de un gesto político. En palabras de Boudou, se pretende “despejar incertidumbres para el 2010”. Pero además, se genera un ahorro financiero. El rendimiento actual de la cartera de reservas del Central ronda el 0,25 % anual, en tanto que la “mejor tasa” que el país podría llegar a conseguir en este momento en el mercado voluntario no sería inferior al 10 % anual. Con esta medida, en lugar de recurrir a financiamiento caro, se pagará con reservas que tienen rendimientos mínimos.

La Presidenta aseguró que la intención primordial es “dar a los mercados internacionales la seguridad del cobro de la deuda”. El país afronta el año que viene vencimientos por 13.000 millones de dólares, luego de que durante este abonara 20.000 millones en compromisos financieros. “La creación del fondo constituye una fuerte señal al mercado de que no vamos a aceptar cualquier tasa de interés”, agregó Cristina, en referencia a la próxima vuelta a los mercados voluntarios de deuda. Con ese objetivo, fuentes del Palacio de Hacienda reconocieron que iniciarán, como se hizo este año, un proceso de licitaciones anticipadas de vencimientos, con algún grado de descuento, para disminuir el stock de deuda de todo el ejercicio. Entre los primeros bonos que se buscará precancelar se destaca el Boden 2012, que se entregó a los ahorristas por los depósitos retenidos en el corralito de 2001.

La mejora en los rendimientos de los bonos que generará la constitución de este fondo repercutirá en una baja en la tasa de interés. Esa reducción en el costo crediticio será aprovechada por Economía con una nueva emisión, la cual está prevista para marzo próximo, después de que finalice la reapertura del canje de deuda con los bonistas que quedaron afuera en 2005. En esa colocación esperan obtener una tasa de interés en torno al 8 o 9 % anual en dólares a siete o diez años.

Finalmente el ministro aseguró que el Fondo no será utilizado para pagar la deuda a los países al Club de París. “No se les pagará al contado. Se seguirá negociando”, reiteró el ministro de Economía. La preocupación en el entorno de Redrado, en tanto, es que la conformación de este fondo no implique una “interrupción” o “reemplazo” a la salida al mercado voluntario internacional y que no cuente con el “respaldo legislativo necesario para darle legitimidad a la medida”. En tanto, en los corrillos de Economía ironizaban que era mejor usar las reservas, que esta administración aglutinó, en lugar de dejárselas a Julio Cobos si llega a ocupar la presidencia en 2011.

Fuente: Página 12

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